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Una ética del voluntariado es una radicalización de una ética de la justicia en términos de cuidado

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Un voluntario puede compartir con un político, un revolucionario o un profeta esta audacia en el querer; sin embargo le separa la tarea de "cuidar". Esta tarea se ha vuelto a poner de moda en el ámbito de la ética política con el feminismo, doctrina que partiendo de la diferencia de sexo permite afirmar una diferencia de teoría ética. Además de una voz moral "masculina" centrada en una ética de la justicia, hoy nos veríamos obligados a reconocer una voz moral "femenina" centrada en una ética del cuidado. Según Carol Gilligan, las sensibilidades morales de hombres y mujeres tienden a desarollarse de un modo diferente:
El problema moral surge de responsabilidades conflictivas más que de derechos que compiten entre sí, y requiere para su resolución un modo de pensamiento contectual y pormenorizado, más que formal y abstracto. Esta concepción de la moral como interesada en la actividad de cuidar a los demás centra el desarrollo moral en la comprensión de las responsabilidades y las relaciones, del mismo modo en que la concepción de la moral como equidad vincula el desarrollo moral a la comprensión de derechos y reglas.
Aunque muchos piensan que su ámbito de aplicación está restringido a la familia y las relaciones personales, no faltan quienes consideran que esta ética del cuidado se puede extender al conjunto de la sociedad. (...) En definitiva, una ética del voluntariado vuelve a plantear los límites y diferencias entre "lo social" y "lo doméstico", sobre todo en la atención, cuidado y satisfacción de necesidades básicas. No olvidemos que uno de los desafíos más importantes lanzados hace ya muchos años por alguno de los teóricos de la ética política era repensar lo que algunos economistas y sociólogos llamaron "hogar público" y cuya esencia quiso reformular Daniel Bell cuando pensaba en términos aristotélicos las contradicciones culturales del capitalismo. Un concepto que no está asociado a una ética burguesa de los deseos sino a una ética cívica de las necesidades, una referencia con la que comenzar a pensar desde su origen diferente el ejercicio simultáneo de una ética de la justicia y una ética del cuidado. Un concepto con el que se comenzó a crear una política social normativa y mediante el que la comunidad política se compromete a corregir las desigualdades económicas y sociales. (...) una ética del voluntariado no es una alternativa a una ética de la justicia, sino una radicalización de ésta desde una ética del cuidado.
"Ética y voluntariado", Agustín Doingo Moratalla. Más documentación Zona de recursos

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