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Voluntariado como promotor de empleo en tiempos de crisis

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España no está atravesando por su mejor momento económico. La crisis económica se ha hecho aún más visible con el aumento del número de parados. La falta de empleo y de recursos económicos hará que el número de personas que se encuentran en riesgo de exclusión aumente. Dentro del voluntariado social hay diferentes ámbitos de actuación en los que realizar tareas de voluntariado: discapacidad, inmigración, mayores, salud, minorías étnicas, inmigrantes y refugiados, personas sin hogar, derechos humanos, juventud e infancia, mujer, desarrollo comunitario, etc. Hay un modelo de voluntariado que, aunque no es nuevo, en estos momentos cobra gran importancia: El voluntariado por la promoción del empleo y la lucha contra el paro. No es infrecuente escuchar que el voluntariado quita puestos de trabajo ya que se considera mano de obra gratuita. Sobre todo se llega a esta idea en la acción voluntaria que se desarrolla como apoyo al personal remunerado en distintos proyectos de gestión dentro de las organizaciones. Lo que no se suele mencionar es que el voluntariado es capaz de promocionar el empleo y aumentar la posibilidad de que personas desempleadas consigan un trabajo.
  • El voluntariado crea empleos, puesto que para gestionar y organizar toda la acción voluntaria (desde las Administraciones Públicas y organizaciones) son necesarios profesionales (personal remunerado especializado) que coordinen y gestionen todos aquellos programas, servicios y proyectos en los que se insertan estas personas voluntarias.
  • El voluntariado desarrollado en programas o proyectos de orientación e intermediación laboral realiza una tarea informativa, orientativa y de asesoramiento a personas que acaban de perder su empleo o están buscando aumentar su empleabilidad.
Las personas voluntarias juegan un papel muy importante al dar respuestas o soluciones a los diversos problemas que van surgiendo en nuestra sociedad. Mejoran la cantidad y la calidad de los servicios y generan servicios nuevos. Pero sobre todo el voluntariado es una forma de participación ciudadana que se desarrolla a través de acciones concretas donde mujeres y hombres muestran su grado de compromiso con la sociedad. Y es a través de estas acciones de mujeres y hombres en los asuntos públicos, donde se da un salto cualitativo de la democracia representativa a un sistema democrático participativo. El voluntariado es un motor de cambios que genera riqueza social, riqueza que aunque a priori no es cuantificable se ve reflejada en el indicador del Producto Interior Bruto, creando valor añadido. Según “El Estudio sobre la Contribución del Voluntariado de la Comunitat Valenciana a la Contabilidad Nacional”, encargado por FUNDAR a la Universidad de Valencia, queda demostrado que por cada euro que las organizaciones invierten en apoyo a las personas que se insertan en programas para realizar voluntariado, estas personas devuelven a la sociedad un servicio por un valor equivalente a 7 euros. Por todo esto creemos que es necesario seguir manteniendo las estructuras existentes, potenciarlas y ajustarlas a las demandas sociales manifiestas mediante el crecimiento en:
  • En infraestructura: Manifestar y concienciar de la necesidad de crear infraestructuras para el voluntariado en los ámbitos local, regional, nacional y europeo, incluyendo un marco legal para el derecho a la participación social mediante el voluntariado en todos los aspectos de la vida.
  • En organizaciones: Apoyar la creación de organizaciones de voluntariado y dotarlas de recursos económicos para poder desarrollar sus programas y seguir promoviendo sus actividades en materia de voluntariado.
  • En voluntarios y voluntarias: Seguir trabajando en campañas de sensibilización que lleguen a toda la población para conseguir que aumente el número de personas que realizan labores de voluntariado en nuestro país.
  • En trabajo en red: Promoverlo como modelo de integración entre los sectores sociales para dar servicio al voluntariado integrando a los gobiernos, las corporaciones locales y las organizaciones.
Es posible reducir los efectos de la crisis en determinados colectivos si seguimos trabajando en dar servicio al movimiento voluntario, para ello es necesario dotarlo de los medios y herramientas necesarias para el desarrollo de su actividad, promover y promocionar la acción que desarrollan en los programas existentes y crear nuevos programas de ayuda/acción social que palien las necesidades de los núcleos de población que se encuentran en riesgo o en situación de exclusión social. Se podría decir, a modo de conclusión, que una consecuencia directa de la crisis económica puede ser la crisis de los valores socialmente establecidos. El fracaso del capitalismo salvaje y del sistema financiero actual se puede transformar en una oportunidad para replantear y redefinir un sistema económico que pueda hacer sostenible una sociedad solidaria, basada en la distribución equitativa de los recursos, en el respeto al medio ambiente y en la no explotación de los más pobres por los más ricos. Se prevé un cambio en la forma de organizarnos social, política y económicamente y precisamente somos las personas que trabajamos por el tercer sector de acción social, las que no podemos renunciar a la utopía de conseguir un mundo mejor. El voluntariado y las acciones solidarias son, en épocas de crisis, generadores de desarrollo y de cambio, amortiguadores de penurias y promotores de esperanza. La sociedad futura se merece que desde hoy trabajemos para conseguirlo.

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