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Entrevista a Evan Myers, voluntario internacional

"Hacer voluntariado en mi adolescencia me ha convertido en lo que soy"

Evan nació en Birmingham (Alabama), al sur de los Estados Unidos. Conoció Panamá a los 16 y se enamoró del país, de la cultura, su geografía, de la gente.. Desde entonces, ha vuelto en tres ocasiones para participar en programas de voluntariado internacional. Ahora, como estudiante de Ciencias Políticas, sueña con volver a Latinoamérica para desarrollar una carrera diplomática que le permita poner en práctica lo que aprendió siendo voluntario.

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¿Cuál fue tu experiencia de Voluntariado?

En 2015 viajé por primera vez a Panamá como Voluntariado. Durante esta experiencia, vinculada con la iglesia, realicé servicios para la comunidad Ceneguita en la comarca Ngöbe-Buglé de Panamá. A lo largo de mi estancia, impartía clases de inglés a niños y niñas, organizaba eventos y participaba en la construcción de casas para quienes no tenían un techo bajo el que vivir. Fue tan satisfactorio que repetí en tres ocasiones mi viaje.  

¿Cómo era tu día a día en Panamá?

Es una rutina muy diferente a la que había conocido en Estados Unidos. Allí un día normal nos levantábamos con los gallos y la salida del sol. Tras un baño en el río, un buen desayuno y una caminata de unos cinco kilómetros por la selva, comienza el trabajo. Durante la jornada siempre había tiempo para a tomar un café y comer caña cruda. La actividad laboral finalizaba al mediodía con un plato de arroz y frijoles y su correspondiente siesta, de ahí a la puesta de sol es tiempo para disfrutar del bello paisaje y la compañía.

¿Cómo recibiste el cambio cultural de tu país a Panamá?

Al principio tuve que acostumbrarme a sus tradiciones y horario. Sin embargo, con respeto a la cultura, nunca me había identificado mucho con las tradiciones estadounidenses y había viajado mucho; por eso, aunque algunas cosas me sorprendieron, fue fácil adaptarme a su rutina, que como en toda la costa caribeña, es muy relajada. Para mí lo más complejo fue la alimentación, allí comía menos cantidad y la actividad era mucho mayor,  los  más de 15 kilos que perdí dejaron constancia de ello…

¿Cómo fue la conexión con las personas con las que conviviste?

La relación con la familia que vivía era genial. Aprendí mucho de su sabiduría y forma de vida, realmente considero a Bella, Lucho y Javier mi segunda familia. Mantenemos el contacto casi semanalmente y estoy intentando volver a visitarlos muy pronto.

Si tuvieras que decir una cosa positiva y una negativa de tu experiencia, ¿cuáles serían?

Fue increíble pasar los veranos de mi adolescencia conociendo otras partes del mundo. Tener contacto directo con una comunidad y cultura tan bella y diferente a la mía, fue realmente enriquecedor y no voy a olvidarlo nunca. El aspecto negativo que destacaría no es algo malo sobre quienes me acogieron, es por mí; había momentos en los que no comprendía bien las necesidades de la comunidad y eso dificultaba mi actuación.

¿Repetirías esta experiencia o una similar?

Sin duda, sí. Mi mayor ilusión es trabajar en Latinoamérica en algo relacionado con la diplomacia. Es decir, trabajar para Estados Unidos pero convivir con la población latina.

A nivel personal, ¿qué supuso para ti este voluntariado?

Al haber ido siendo tan joven, creo que esta experiencia me ha hecho ser quien soy, me ayudó a construir mi personalidad y mi forma de ver el mundo y la vida.

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