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Pablo Flores Martín, voluntario en medioambiente

"Más que voluntario, me considero activista"

Desde los 18 años, Pablo viene haciendo tareas voluntarias para distintas causas. Mientras estudia la carrera de Ciencias Ambientales, reparte cenas y asiste a personas sin techo. Él es también coordinador de voluntariado en la ONG ecologista, WWF en Sevilla, dónde además de plantar árboles, siembra conciencias. Pablo cuida su entorno natural y humano con muchas ganas, porque confía en "dejar el mundo una pizca mejor de cómo lo encontró".

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¿Te consideras una persona más activista que voluntaria?

En función de a qué voluntariado nos estemos refiriendo, me considero más activista. De hecho, siempre he sido una persona activista en general. Cuando he visto algo que no me gustaba, he intentado aportar mi granito de arena para cambiarlo, intentando solucionar o paliar esa situación. Sí, yo más que voluntario, me considero activista.

¿Cuál es tu cometido en WWF?

Hacemos, sobre todo, tareas de sensibilización acerca del medio ambiente, concienciación sobre el cambio climático y desarrollamos también acciones medioambientales en la provincia de Sevilla. Aparte, WWF tiene 11 sedes repartidas por toda la península, por lo que no solo hago voluntariado en mi ciudad, también me desplazo a otros lugares de España. Por ejemplo, la semana que viene me voy al Parque Nacional de Cabañeros y poco después marcho a la Sierra de Andújar a llevar a cabo actuaciones por aquellos parques naturales.

Además de plantar árboles, ¿cuáles son las principales actividades que hacen las personas voluntarias en WWF?

El tema medioambiental constituye una realidad que comprende un universo muy amplio. La gente siempre pone el ejemplo de plantar árboles, pero en nuestra ciudad tenemos problemas con especies invasoras -como la cotorra argentina-, problemas de gestión de residuos y deficiencia energética entre otros. Sevilla va a ser una de las ciudades en la que mayor impacto va a tener el cambio climático en los próximos 50 años y ya estamos viendo que se dan picos de calor cada vez más largos y consecutivos. Nuestra actividad se desarrolla consciente de esta problemática y trata de hacerla visible a la ciudadanía.

¿Cuáles son las grandes asignaturas pendientes de la sociedad moderna con la naturaleza?

La sociedad moderna necesita ser empática con ella misma y con los seres humanos del futuro. Vivimos como si tuviéramos más de un planeta y la realidad es que en los últimos 50 años hemos destrozado a pasos agigantados el único que tenemos. Nuestro mayor problema es el de hacer oídos sordos a esta cuestión: tenemos un solo planeta o en modo local, tenemos una ciudad, un río o un cielo a los que no cuidamos.

¿Consideras que hay trabajos que hacen las personas voluntarias pero que deberían ser abordados por los estados?

Buf... Esto es una pregunta hard-core... Nos estamos centrando en WWF pero por ejemplo, yo colaboro en otra ONG, llamada El Carrito de Loli, en la que desarrollo tareas que tendrían que hacer al cien por cien los estados.   

¿Por qué dices esto? ¿Qué hacéis exactamente en el Carrito de Loli? 

Nos dedicamos a dar asistencia a personas sin hogar. Además de darles una cena, les facilitamos otra serie de recursos. Porque están carentes de servicios elementales, los reciben de forma muy limitada o directamente, no los reciben. Estas personas son excluidas socialmente y el hecho de poner cuatro comedores repartidos estratégicamente por la ciudad ni alcanza a todas ellas ni consigue su integración. En consecuencia, lo que hay es una exclusión cada vez mayor, en la que empezamos a tener graves problemas de alcoholismo, drogodependencia... Si un estado abordara esta problemática de una forma seria y responsable, realmente nuestra ayuda no sería necesaria; ni la de los voluntarios ni la de ninguna entidad religiosa. El estado, a día de hoy, se limita a delegar en la actividad voluntaria, situaciones que deberíamos tratar nosotros; primero, como sociedad y segundo, como ciudadanos a través de nuestro voto.

Entonces ¿qué recursos dedican las instituciones públicas a la gente que no los tiene?

Muy pocos. Lo que se suele hacer es practicar la caridad y así no se pueden resolver este tipo de problemas. Por ejemplo, es necesario saber si en tu ciudad a día de hoy existen 100 o 100.000 personas sin hogar, ya que se hace un censo específico, prácticamente, cada 5 años. Sin ese dato no podemos conocer qué necesidades o qué ayuda necesitan estas personas.   

Casi todos los recursos se conceden a instituciones y organismos de carácter religioso y estos los dedican a lo mínimo indispensable: dar de comer y dar un techo de forma provisional. Pero las personas necesitan algo más que comida, agua y techo. Necesitan empatía, que las escuchen, que alguien las comprenda o al menos, lo intente.

¿Cuál de todas tus actividades es la que te hace sentir mejor y por qué?

Realmente, no te puedo hablar de ninguna actividad en concreto pero cuando en cualquiera de tus acciones compruebas que una persona de la que tú no esperabas nada, te abre literalmente su alma en canal y te dice: “toma este soy yo y esta es mi vida,” es entonces cuando vives la experiencia única, la experiencia humana. Pasa poco pero cuando pasa, resulta increíble. Personas que te hablan de cosas que jamás hubieras compartido ni con tu propia familia.

¿Qué se necesita para ser voluntario?

En Primer lugar, ganas y en segundo lugar, conocimiento. Yo siempre he dicho que no basta con querer ayudar, sino también hay que saber hacerlo. A día de hoy, para, por ejemplo, hacer prevención de drogodependencia, hace falta una formación y unas capacidades concretas. Y para llevar a cabo intervención en el medio ambiente, también, como para cualquier otra cosa. Y no todo el mundo está preparado para desenvolverse profesionalmente en todos los ámbitos. Resumiendo, se requiere formación, empatía y después, ganas, muchas ganas, esto es lo fundamental.  

¿Tienes fe en una sociedad futura que sea más justa e inclusiva?

Es una pregunta complicada (Risas). Creo que sí es posible. Yo soy un voluntario con fe porque pienso que puedo cambiar la situación de las cosas actuando localmente. Por supuesto, resolver los problemas del mundo es algo  muy complicado, pero, poquito a poco, algo se puede conseguir.  Yo, con dejar el planeta un pizca mejor de cómo me lo encontré, ya tengo suficiente. Si todos hiciéramos algo parecido, quizás el mundo sería perfecto. Pero mucha gente ni piensa ni actúa así. 

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