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Susana Martín, voluntariado con migrantes

"El voluntariado es aprender de las diferencias y reconocernos en lo que nos hace iguales"

Susana es una catalana de 34 años que vive a más de 9 mil kilómetros de su tierra. Lleva ocho meses como voluntaria en México y ahora se siente una migrante trabajando para migrantes. Para ella, el voluntariado es la herramienta que permite empatizar y comprender el viaje de quienes lo dejan todo para empezar de cero y combatir una problemática que aqueja al mundo entero: el racismo y la xenofobia.

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¿Por qué haces voluntariado en México?

Empecé en la organización Entreculturas. Llegué allí porque conocía a un buen amigo que había hecho este tipo de voluntariado. El me conocía y sabía que me gustaban ese tipo de cuestiones y me animó. Pienso que hacer voluntariado es una cuestión de gustos, intereses y motivaciones. Hay gente a la que le motiva conocer, hacer deporte, los animales... A mí me encanta y me motiva tener contacto y compartir con las personas. De alguna forma para mí eso es lo que supone el voluntariado, acercarme a conocer otras realidades y eso presume siempre un aprendizaje.  Finalmente es una cosa que te llama o no te llama la atención. Aunque creo que hay gente que realmente no ha tenido la oportunidad de acercarse porque siempre andamos con mil cosas. 

¿Qué actividades desarrollas?

Colaboro en una casa de migrantes con el socio local de Entreculturas que atiende, especialmente a personas de Centroamérica que están en tránsito y en su mayoría, intentan llegar a Estados Unidos.

Cuando llegué apoyaba todos los servicios que la casa ofrece para los migrantes en tránsito. Es una casa comedor, ahora mismo funciona hasta mediodía y ofrece desayuno, comida, servicio de llamada para que puedan comunicarse con sus familias y enfermería. Antes mis actividades estaban enfocada en llamadas y ropería, pero ahora mismo estamos en proceso de pasar a ser albergue, es decir que en unos meses vamos a empezar a funcionar para que los migrantes puedan dormir en la casa. Así que ahora estoy más a cargo de lo que tiene que ver con recepción, registro e información y también me hago cargo de la parte de gestión del voluntariado, ya que en este momento toca dinamizarlo porque vamos a estar todo el día funcionando y necesitamos más apoyo de la gente.

¿Qué tipo de migración se ve en México?

Es una realidad de migrantes en tránsito. Nos encontramos al norte del estado de México, estamos a una hora y media del DF, es decir en la mitad del país. Por aquí hay diferentes rutas para entrar en Estados unidos y este lugar es un punto donde los migrantes empiezan a ver cómo logran pasar por alguna de ellas. La mayoría son personas centroamericanas, por suerte se ven muy pocas mujeres y muy pocos niños, casi todos, un 90%, son hondureños. También hay salvadoreños, guatemaltecos, mexicanos y de vez en cuando se ve algún nicaragüense o puertorriqueño.

¿Cómo ha sido la experiencia de ser voluntaria en otro país?

Muy buena, aunque no es un proyecto fácil y tampoco lo que conlleva el cambio cultural, las formas de vida, la gente, el no tener cerca a los tuyos, pero en general, muy bien. Yo tenía una motivación para venir y al final lo que recibo en el día a día, lo que aprendo y las cosas nuevas son un poco lo que me compensan. 

¿Desde hace cuánto haces voluntariado?

Hace algunos años pero solamente en España. Soy educadora social y esta área siempre me ha gustado. El año pasado tuve una experiencia muy corta en Marruecos, fue como una pequeña toma de contacto porque de todas maneras fuera se vive de otra forma. Este año eso es la primera vez que lo he hecho en otro continente y tanto tiempo.

¿Qué ha significado esta experiencia para ti?

Esta experiencia me ha dado mucho crecimiento personal. Primero un cambio de visión, me da una perspectiva muy global, me ha llevado a conocer situaciones que parece que no te tocan porque estás muy lejos, pero que cuando estás aquí y le pones rostro al drama, el contexto te cambia y te sientes muy cercana. Esta es una realidad muy diferente a la que conocemos, lo ves a través de los medios, pero cuando la vives te hace replantearte muchas cosas. Luego me ayuda a soltarme, a cambiar cosas internas, a afrontar muchos miedos y a abrir muchas barreras. Cuando te encuentras en otro lugar tan diferente, tan lejos, creas estrategias y herramientas que en tu zona de confort no son necesarias y eso me hace replantearme y ver cómo me enfrento a situaciones que muchas veces no tendría que enfrentar. Para mí el  voluntariado es encontrarte con el otro, aprender de las diferencias, ver lo que compartimos, lo que nos une y reconocernos en lo que nos hace iguales.

¿Te sientes una migrante ayudando a migrantes?

Obviamente que las causas de migración son diferentes, pero me parece importante analizar que todos somos migrantes y al final en mi caso ha sido una elección. Pero también es cierto que son elecciones que en un momento dado responden a una necesidad interna. En España yo estaba un poco distanciada de lo que me gusta, de una realidad que para mí estaba quedando lejana y necesitaba conectar de nuevo con esa realidad, con otras personas, conocer nuevas experiencias y de desconectar de otra manera. Sentía que me faltaba algo.

¿Qué papel tiene el voluntariado en la sociedad?

El voluntariado sirve para mucho como un concepto de generar comunidad, de encontrarnos con el otro y de la recuperación de los valores humanos, que son la gran pérdida de este mundo en crisis

¿Valores como cuáles?

La empatía, la comprensión, la solidaridad, el amor... Estamos metidos en nuestra burbuja, el problema es que no sabemos ver la realidad del vecino. Hablo tanto del vecino de la puerta de al lado como del vecino del país de al lado. Al final, tenemos mucho más cosas en común de lo que pensamos. La crisis política y económica es global, nos afecta a todos de la misma manera y genera desigualdad en todas partes. De lo que se habla en México es lo mismo que en España, no puedo comparar los contextos.

Me sorprende, por ejemplo, que en España tenemos problemas con el tema de los refugiados;  te das cuenta de que hay un resurgimiento muy grande en cuanto al racismo o la xenofobia. Yo soy catalana y me pasa hasta dentro de mi propio país. ¿Qué diferencia hay entre un mexicano de la frontera sur y un guatemalteco? Nada más que el territorio. Aún así no somos capaces de mirarnos. El problema es que estamos en un sistema que nos tiene totalmente desconectados, el voluntariado nos aporta eso, el poder sentarnos con el otro, entender lo que le sucede y empatizar. 

¿Qué te faltaba? ¿Lo has encontrado?

Necesito sentirme motivada día a día y lo que me anima es trabajar directamente con las personas. En España llevaba mucho tiempo trabajando en una oficina y sentía que estaba desconectada, andaba en un estrés tremendo, necesitaba hacer cosas nuevas y que me llenaran. La decisión de salir de mi zona de confort no fue fácil, tengo 34 años y esta experiencia suponía comenzar de cero, pero hice lo que sentía que debía. Así encontré lo que buscaba. Para mi cada día es una novedad. El voluntariado me hace sentir completa y feliz.

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