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Miguel M. Serrano, voluntario internacional

"Todos formamos parte del mundo y eso conlleva una responsabilidad"

Miguel ha pasado 7 meses como voluntario en un campo de refugiados de Grecia. Su transformación personal ha sido inestimable pero para las personas refugiadas todo sigue igual. Tal vez peor. Por eso, se ha puesto en marcha y ahora quiere transformar el mundo, cambiar una realidad cargada de injusticia.
Por J. Santos

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foto: Carla Muriel

¿Cómo empezaste en el voluntariado?

He sido voluntario en situaciones puntuales pero nunca en una acción tan prolongada como los 7 meses que estuve en Grecia. Algunas acciones voluntarias las hice a través de pequeñas organizaciones y otras bajo el concepto de participación más que de voluntariado. He participado con personas con discapacidad, con migrantes y en diferentes ámbitos.

¿Cómo fue el proceso para hacer voluntariado en el campo de refugiados?

Me sumé al plan al que le daba vueltas mi prima, primero nos documentamos y terminamos contactando con alguien sobre el terreno. Cuando es un campo de refugiados municipalizado, como en el que he estado, no necesitas demasiado para acceder, cuando fui los permisos eran mínimos. Eran las personas voluntarias independientes y las pequeñas organizaciones las que salvaguardaban el bienestar del campo.

¿Qué encontraste al llegar? ¿Cómo fue esa primera impresión?

Por más que te documentes con anterioridad no te puedes imaginar lo que encuentrarás, la situación que yo me encontré era difícil, sin relación alguna con algo que hayas visto antes. Por otro lado, fue muy interesante. Podría resumirse en que tú llegas a la puerta del campo y dices: tengo dos brazos, dos piernas y vengo a echar una mano. 

¿Cómo es hacer voluntariado en un campo de refugiados?

En el campo de refugiados, el voluntariado es totalmente diferente.  Concretamente, los campos de refugiados de Grecia aparecen principalmente por el conflicto de Siria. Es una situación de emergencia, por esto los medios y las herramientas de las cuales dispones para intentar participar o ayudar están muy condicionadas. No es una situación de  exclusión social habitual, la realidad es diferente, las situaciones son diferentes,  las herramientas son diferentes, las causas que provocan la exclusión son muy particulares. Es gente que está huyendo de una guerra y todo esto hace que se genere un contexto especial.

Diferente... ¿en qué sentido?

Es diferente porque yo entiendo que el concepto de voluntariado hace alusión a una acción que se desarrolla o se encuadrada dentro de un proyecto específico. Aquí no hay un solo tipo de exclusión o un colectivo específico. El concepto de situación de emergencia lo cambia todo, lo convierte en una situación anormal.

¿Qué actividades realizabas como voluntario dentro del campo?

Sobre el papel es una cosa y la dinámica es otra. Sobre el papel estaba enfocado dentro del trabajo social, específicamente en el mantenimiento del bienestar de las personas del campo y a la documentación gráfica, porque soy fotógrafo también. Luego, también hacia cosas de mantenimiento de estructura del campo, distribuciones, acompañamiento hospitalario y todo lo que se pueda necesitar.

¿Cómo es un día en un campo de refugiados?

Depende del momento. Si es un momento de emergencia, que puede ser cuando se llena un campo y hay un montón de gente con necesidades brutales, hablamos de familias enteras con pequeños y madres solas, con todo tipo de carencias. Se intenta todo el rato ver de qué medios se dispone y cómo se pueden utilizar de la manera más eficiente. Cuando la vida en un campo está más estabilizada, lo que quiere decir que las necesidades mínimas están cubiertas, se convierte en una comunidad que está totalmente estancada sin ningún tipo de posibilidad. Esperando procesos interminables, con situaciones anímicas y emocionales complicadas o situaciones psicológicas particulares. Con esa mezcla de tristeza y estancamiento tan desesperante, esperando sin saber a qué. Entonces, empiezan a incluir actividades formativas, de entretenimiento o productivas. Utilizar el tiempo y tener la cabeza en marcha es muy importante en el día a día para una persona refugiada.

¿Por qué decidiste quedarte 7 meses?

Primero estuve un mes como voluntario independiente, en agosto de 2016. Como tienes poca información sobre los campos de refugiado, fui a ver en qué podía echar una mano y terminé siendo parte de una organización. Después de ese primer mes como voluntario, volví a España, dejé el trabajo, alquilé mi habitación y me volví al campo.

¿Cómo te vinculaste a la organización?

Antes de que yo llegara, la primera parte del proyecto de la organización con la que acabé participando era el cimiento y la formulación de un campo que estaba en una situación deplorable, cubrir las necesidades básicas que el gobierno griego y las grandes organizaciones no cubrían. Al principio era un auténtico desastre, había personas durmiendo en las piedras, sin agua caliente, la distribución de comida era un absoluto caos, había  sobrepoblación, etc. Cuando se estabiliza la situación en el campo ya se puede intervenir en otras áreas. A posteriori, hemos viajado por Grecia porque hay gente que ha tenido dispersión geográfica debido a que se les destina a otras zonas en ciertos puntos de sus procesos legales, principalmente para poder hacer un seguimiento de algunos casos, sobre todo los más vulnerables, como de personas con heridas de guerra o en situaciones críticas de salud, cuya situación no estaba siendo para nada atendida por las organizaciones teóricamente responsables.

 Ahora canalizamos nuestra acción por otras vías, la acción en Europa y la sensibilización social. Lo que estamos llevando a cabo es un proyecto basado en un movimiento social  independiente, de carácter internacional, que se llama SickOfWaiting (web www.sickofwaiting.org, ) que busca presionar a los gobiernos europeos para que cumplan sus compromisos de acogida y demostrar que la ciudadanía quiere acoger y no está de acuerdo con las políticas practicadas por la Unión Europea.

No sólo con personas refugiadas de este conflicto, sino también con miles de personas migrantes las cuales no tienen ningún tipo de posibilidad legal y que por los conflictos de su país están huyendo a Europa. 

 

 ¿Podría decirse que pasaste del voluntariado al activismo?

Son términos difíciles de definir, no sé qué es ser activista, pero sé que lo que hago ocupa gran parte de mi tiempo libre; quiero que así sea.

¿Esta experiencia te ha cambiado?

Supongo que me ha servido para reafirmar esa idea de que la guerra y sus muertes son de todos. Todos tenemos que tomar parte, no necesariamente yendo a un campo de refugiados. Lo importante, es que todos, en el ámbito y lugar que queramos y podamos, seamos responsables y conscientes de que formamos parte del mundo y eso conlleva una responsabilidad. 

¿Cómo fue ponerle cara a un problema social del que hablamos mucho pero con el que muchos no han tenido contacto directo?

Creo que sería muy saludable romper las fronteras y las distancias que desde Europa tenemos con la gente refugiada. Al convertir realidades en conceptos a los cuales nos acostumbramos, terminamos quitando toda la carga humana. A mí me llevó a un proceso de humanización, no quiere decir que no lo tuviera, pero una humanización real.

¿Qué es una humanización real?

Entiendo el término de humano como esa parte en la que nos debemos sentir responsables de la sociedad y de ese todo del que formamos parte, nos tenemos que sentir como un individuo más y saber que hay otra gente que tiene la misma importancia y el mismo derecho de existencia que nosotros en el mundo. Entonces, la humanización creo que es ser consciente de esto y practicarlo.

¿Qué piensas del papel del voluntariado en la sociedad?

Que ojalá estuviera bajo un paraguas de protección real y se otorgara a las organizaciones las herramientas para que la gente que quiera realizar voluntariado pueda hacerlo sin que conlleve un gasto enorme e insostenible a largo plazo.

 

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