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Francisco Antolín, voluntario internacional

"Es alucinante tener la suerte de tener un conocimiento y poder transmitirlo"

Francisco Alberto Antolín nació en una aldea de Jaén hace 37 años. Hijo de una familia dedicada al campo, fue diagnosticado con una discapacidad visual al nacer. De niño como usuario de la ONCE y ahora como voluntario de la entidad, ha atravesado el Océano Atlántico para devolver el conocimiento y la solidaridad que un día recibió.
Por Jenifer Santos.

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¿Cómo fue tu primer contacto con el voluntariado?

Tenía 8 años. Me afilié como usuario para recibir los servicios que prestaba. De pequeñajo, había gente que venía a casa y me acompañaba a realizar diferentes actividades. Para mí era importantísimo saber que siempre había alguien que, altruistamente, venía a brindarme el apoyo que necesitaba.

Ahora soy voluntario en la ONCE y además trabajo como coordinador del área de deporte de base y competición en una zona de Andalucía, organizando actividades de deporte para niños. Las mismas que otros preparaban para que yo participara de niño. 

¿Qué te motivó a dar el paso de usuario a voluntario?

Conocía gente que había hecho algún programa y me animaban: ¡Eh, Fran, con tu perfil, tan extrovertido y dinámico…” Así que hablé con la gente de FOAL, que es la  Fundación ONCE para la Solidaridad con Personas Ciegas de América Latina, envié mi currículum e hice una pequeña entrevista y este año salió el primer proyecto en el exterior.

¿Este voluntariado es tu primera experiencia?

Hace dos años que hago voluntariado. Anteriormente, he estado en muchas actividades con niños en España, acompañándolos en viajes y otras actividades. Cosas importantes pero mucho más livianas.

Háblanos sobre tu tarea como voluntario

Consiste en capacitar de manera teórica y práctica a 75 maestros de todo el territorio nacional de Nicaragua sobre deporte adaptado para niños con discapacidad visual y ceguera. El proyecto surge de un convenio entre el Ministerio de Educación Especial de Nicaragua y la FOAL. Trabajamos conceptos básicos y educación física adaptada como: calentamientos, natación, voleibol, entre otras. Fueron jornadas muy intensas. Lo recuerdo y soy capaz de devolverme. Ha sido la mejor experiencia de mi vida, sin ninguna duda.

¿Qué experiencias o aprendizajes destacarías de este voluntariado?

Algo que me motivaba es que, a la hora de comer, la gente dejaba de hacerlo para seguir preguntando o para pasar sus apuntes a limpio, demostraban un ímpetu y unas ganas de aprender increíbles. Algo que no había visto nunca, aunque llevo mucho tiempo haciendo formación en España. Eso me sorprendió. También el entusiasmo con el que realizaban cualquier actividad.

El llegar de un país consumista como el nuestro a un lugar donde hay tantas necesidades pero donde la gente sobrevive con ese espíritu, esas ganas de bailar y su buen humor… me fascinó.

¿Crees que España es un país consumista?

Quiero decir que a ellos los valores y el conocimiento que tú le estas transmitiendo les enriquece o lo valoran tanto como nosotros nuestra nomina, o cuando gastamos 150 euros en un polo. Ellos buscan el enriquecimiento en lo verdaderamente importante y lo valoran muchísimo más. No sé a qué se deberá pero creo que el lugar de privilegio en el que estamos ha creado necesidades que no son las importantes, en cambio el lugar en el que ellos están les permite valorar lo que realmente lo es. Si fuera así en otros países desarrollados estaríamos mucho mejor. 

¿Qué piensas sobre el papel del voluntariado en la sociedad?

Ahora que soy voluntario, que estoy del otro lado, me doy cuenta que el voluntariado me ha abierto los ojos al mundo, a las necesidades, a lo fácil que es aportarle algo a las personas que lo necesitan. 

El voluntariado es imprescindible en cualquier contexto y es importantísimo como transmisor de valores, pero no podemos dejar de lado que las instituciones tienen la obligación de entender, no solo la importancia del voluntariado, sino que no pueden suplir puestos de trabajo que están en obligación de cubrir. 

¿Qué le dirías a la gente para que se anime a hacer voluntariado?

Que se tiren a la piscina, que es lo más bonito. Tener y ser capaz de dar a los demás sin esperar nada a cambio o que te devuelvan una sonrisa o un abrazo, es el mejor dinero que nos puedan dar. Es alucinante tener la suerte de tener un conocimiento y poder transmitirlo. Creo que es la mejor opción para invertir el tiempo, aunque nos quejemos de no tenerlo.

 

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