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Cristina Alonso, voluntaria con personas con VIH

"El voluntariado puede dignificar vidas, transformar nuestra sociedad"

Cristina Alonso tiene 49 años y lleva la mitad de su vida colaborando con personas diagnosticadas con VIH. Toda una veterana que ejerce su tarea en un ámbito del voluntariado con mucho estigma y poca demanda. El sida es una epidemia del siglo XXI con escaso gancho hasta para la solidaridad. A Cristina, le da igual. Lo que realmente tiene sentido es brindar esperanza y acompañar en el trance más duro a quienes lo solicitan.

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¿Cómo fue tu primer contacto con el voluntariado?

Con 13 años empecé a asistir a una parroquia de Aranjuez, allí conocí a las personas con las que en 1988 empezamos a trabajar de manera voluntaria con niños y personas mayores. Esa fue la semilla de lo que hoy es Basida. En 1990 se puso en funcionamiento la primera Casa de Acogida para la atención a enfermos de sida, que en ese momento era la principal causa de marginación y discriminación social.

¿Con quien hacías voluntariado ?

Cuando tenía 13 años el voluntariado que hacíamos estaba relacionado con infancia y personas mayores en riesgo de exclusión social. Visitábamos las residencias de ancianos y dábamos apoyo extraescolar a infancia gitana. La opción de hacer voluntariado con personas enfermas de sida surge cuando ya tenía 23 años. Decidí dejarlo todo e ir a compartir hogar y familia con enfermos de sida y personas adictas.

¿Qué es para ti ser voluntaria?

Para las personas que formamos parte de Basida  el voluntariado no es un hecho puntual, al que dedicar el tiempo libre; es un estilo de vida. Ser voluntaria te define, impregna todas las facetas de tu vida.

¿Qué te ha parecido la experiencia de hacer voluntariado? ¿Lo que más te ha gustado y lo que menos?

El voluntariado es más que una experiencia, es mi vida, es el sentido y el porqué de lo que hago. No podría concebir hoy por hoy mi vida sin hacer lo que hago y no concibo otra forma de hacerlo que desde el voluntariado.

Lo que más me ha gustado es el contacto directo con las personas a las que atendemos. El comprobar cada día lo mucho que puedes aprender de ellos, el ejemplo de superación y heroicidad que suponen sus vidas.

Me paro a pensarlo y realmente no hay nada que no me guste; aunque siempre se puede mejorar, el mundo del voluntariado creo que es de lo más auténtico y coherente que me he encontrado

¿Cuál es tu tarea en Basida?

La principal tarea que desempeño actualmente en Basida es la coordinación y seguimiento de los 303 voluntarios que colaboran con nuestra entidad y llevo a cabo actividades de formación, promoción y sensibilización. 

¿Qué formación recibes para realizar este voluntariado?

En Basida entendemos que para poder ofrecer una calidad asistencial debemos estar en continua formación y reciclaje, por lo que constantemente realizamos cursos, asistimos a Jornadas y encuentros centrados en las problemáticas y realidades que atendemos en nuestros recursos: sida, drogas, patología dual, voluntariado, etc.

A lo largo de estos 27 años me he formado y especializado en los colectivos y  problemáticas que atendemos. Me Licencié en Filología Inglesa, pero después estudié para auxiliar de Enfermería especializada en Salud Mental y Educación Social, entre otras cosas.

¿Cómo funciona el voluntariado en tu organización?

Basida tiene como único capital humano el voluntariado, ya que no dispone de ningún personal contratado. En los 26 años de trayectoria, Basida ha gestionado y desarrollado cada uno de sus programas y actividades exclusivamente con un equipo de voluntarios con distinta dedicación que se pueden separar en  tres grupos. El primero es el de voluntarios esporádicos, que son aquellos que dedican su tiempo por períodos más o menos prolongados y que sirven de apoyo y refuerzo puntual a lo largo del año. Vienen a través de Campos de Trabajo. En el año 2016 fueron 170 voluntarios. Después están los voluntarios periódicos fijos, aquellos con una dedicación comprometida y responsable que a lo largo de las semanas constituyen un refuerzo indispensable. En el año 2016 fueron 95 voluntarios, y finalmente los voluntarios, a tiempo completo, que constituyen el núcleo desde el que se vertebra la continuidad de los programas y proyectos desarrollados por la asociación. En el año 2016 fueron 38 voluntarios.

 ¿Puedes contarnos alguna experiencia especialmente interesante?

Las anécdotas más entrañables las han protagonizado nuestros residentes, que han sido y son ejemplos de superación y de valentía ante la adversidad. Es imposible nombrar aquí a tantos, como Julián, nuestro primer residente, que supo entender y aceptar nuestra inexperiencia con una sonrisa; a Paco, que se despidió de nosotros en la cena de fin de año para morir 3 días después; a Jotilla, un chaval de 17 años, para el que cualquier ocasión era buena para ponerse elegante, como decía él, para “maquearse”; a Paco “el Gremlin” que cada seis meses iba al médico a renovar su contrato de sida;  a Jordi que antes de morir nos prometió que él se iba a ocupar de que no nos faltara leche; a José, hombre guapo donde los hubiera, y que defendía la casa con uñas y dientes; al Chiqui, que a pesar de su ceguera, aquí encontró unos nuevos ojos; y a Vico, a Fraga, a Capi, a Luís, a Chencho…

¿Qué dirías para que la gente se anime con el voluntariado?

No hay mayor recompensa que tener el privilegio de ver cómo, lo poco que tu aportas, puede cambiar y dignificar vidas, puede transformar nuestra sociedad y hacer un poco mejor nuestro mundo.

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