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Olimpia de Lope, voluntaria en Cuidados Paliativos

"Hay silencios que son necesarios: en los paliativos más que hacer, estamos"

Como mucha gente, Olimpia una voluntaria de Badajoz, cruzó la frontera de los cincuenta sin pensar en el final de la vida. Fue su labor de voluntariado lo que la acercó a quienes transitan por ese umbral, quienes necesitan sofocar el dolor, la soledad, el miedo, la falta de esperanza... Ese contacto con la muerte le ha permitido estar realmente viva.

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 ¿Cómo empezaste en el voluntariado?

El voluntariado no se empieza de un día para otro. Ves cosas en la tele, en la prensa, imágenes, escuchas cosas… y luego llega el momento adecuado.

Me quedé sin trabajo y pensé: " ¿en el tiempo libre qué hago?". Me dije “pues nada vamos a hacer voluntariado, vamos a probarlo"; tenía interés por cambiar algo.

¿Qué te motivó a elegir colaborar con la Plataforma de Voluntariado de Extremadura?

Empecé en Cruz Roja en el año 2003, pero no me cuadraban bien el horario y pregunté en la Plataforma de Voluntariado. Allí me encontré con Maribel Ruiz (directora de la Plataforma). Habíamos estudiado juntas cuando éramos chicas y ella me preguntó si me importaba trabajar con enfermos. Dije que no. Me contó que estaban abriéndose al voluntariado de cuidados paliativos y me envió a la Asociación Española Contra el Cáncer.

¿Fue cómo esperabas?

Nunca había trabajado con enfermos, lo había hecho en prisión, con tema de drogas, con transeúntes, pero con enfermos nunca. Sabía que el voluntariado era muy gratificante, pero éste ha sido mucho mejor de lo que esperaba. Siempre que haces voluntariado piensas, “voy a dar un poco de mi tiempo”  Aquí es al contrario. Ésto  es realmente es lo que a mí me llena; saco tiempo para poder hacer voluntariado.

Cuéntanos algo de tu tarea

Ni damos de comer, ni movemos al paciente,  damos únicamente apoyo emocional. Desde el primer momento que me dicen que debo ir a un domicilio empiezo a pensar en el estado emocional del paciente y de la familia.

Cuando llegas te puedes encontrar personas débiles, frágiles o estresadas a nivel emocional, nos encontramos con personas y cuerpos desvalidos, tienen arrebatos de mal humor, a veces nos preguntan cosas que no tienen respuesta… y ellos lo saben. Pero tienen la necesidad de preguntar y también nos encontramos con muchos recuerdos bonitos que son los que vamos a fomentar. 

¿Y cómo lo hacéis?

Yo llego a una familia que está destrozada y soy como una ventana de aire fresco, porque no tengo nada de ese agobio, ni de estrés, ni preocupaciones. LLego con ganas de aportar.  De pronto ellos se preguntan “¿qué hace ésta aquí, con esa sonrisa? “ Primero escucho lo que me cuentan, lo que hacen, lo que no hacen, quiénes son. Después sigo escuchando para conocer más a fondo a la persona; para terminar sigo escuchando porque necesito que saquen todo, que hagan su desahogo emocional. Empatizo con ellos para que sepan que pueden contar conmigo al 200%.

No  juzgo. Mi apoyo es desde el respeto, la ternura, la humildad. Acompaño con sonrisas, aunque a veces tengo que tragar saliva. Se me hace un nudo en la garganta. Hay silencios que son necesarios, obligatorios: en los paliativos más que hacer, estamos.

Puedo pasar una semana o un año con cada paciente. A veces necesita más ayuda el paciente. Otras, la familia.

 ¿Qué es lo más duro de tu tarea?

El primer día.  Romper el hielo, entrar a casa y ver la situación que están viviendo. No los conoces de nada, ellos a ti tampoco y es difícil. También el final. Cuando fallecen es lo más duro. Puedes sentirte satisfecha por lo que has hecho pero ver a la familia sufrir es muy duro.

¿Y lo más gratificante?

El día a día,  cuando te sonríen, cuando te agradecen. No puedo explicarlo. Intentan agradecerte de todas las formas posibles, pero nada les parece suficiente, ni una palabra, ni un abrazo, ni una sonrisa, ni las gracias, todo les parece poco.

Cuando un paciente está en buen estado te puedes poner a jugar con él a las cartas o puedes cantar … a veces se sorprenden porque no recordaban que podían cantar. Pero no todo es tristeza; se puede llevar otro tipo de vida,  hay mucho más que enfermedad.

¿Es triste acompañar a personas que están a punto de morir?

No es triste, hay un primer momento en que se desahogan y te cuentan emociones negativas. Pero el resto del tiempo hablamos de cosas buenas y bonitas, de recuerdos felices. Hacemos lo que les apetece, si quieren cocinar, jugar o  lo que sea lo hacemos.

Obviamente hay momentos de tristeza, momentos duros y cuesta pero la mayor parte de tiempo es una ventana de aire fresco. ¡Venga que hay que vivir! Y eso debemos hacerlo siempre, siendo pacientes paliativos o no.

Esas son las cosas que aprendo cada día día. Las que te enseñan a vivir; empiezas a darle importancia a lo que realmente la tiene.

¿Qué tipo de formación debes recibir para ser voluntaria en paliativos?

Bueno, para entrar te hacen varias entrevistas, te ve una psicóloga,  haces un test... Luego te dan varias formaciones. La primera es sobre voluntariado en general, luego hay una específica sobre cuidados paliativos y además tenemos formación continua todos los jueves del año. El voluntario en AECC es muy profesional, somos muy conscientes de que trabajamos con personas en momentos muy delicados de la vida.

 ¿Puedes contarnos alguna experiencia especialmente enriquecedora?

Tengo miles;  había una persona que estaba muy deformada por tumores en la cara y la cabeza. Cuando yo llegué a su casa no recibía a nadie porque no se atrevía a que la gente la viera.

 La familia me dijo que quizás podría hablar con ella a través de una puerta de vidrio y pensé, “bueno, vamos a intentarlo”. A final,  terminamos yéndonos de compras ropa a la calle; la familia no lo podía creer. Los pasos que iba consiguiendo: el salir a la calle,  comprar ropa (aunque ella sabía que no iba a ponérsela, pero le hacía mucha ilusión comprarla y verla en el armario) son cosas imborrables. Todos los pacientes te dejan huella. 

¿Hay que tener un talante especial para hacer este voluntariado?

Primero,  debes tener tiempo. También tolerancia a la frustración, porque hay momentos que son muy duros. Tienes que aprender a valorar las cosas, a no juzgar… Vivir cada día como si fuera el primero. Debes querer aprender y tener humildad.

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