Noticias del Tercer Sector

- Nuestras entidades

Ponencia "Organización del Tercer Sector y participación" de Susana Corzo

Imprimir noticia
Transcripción casi total de la ponencia de Susana Corzo, decana de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad de Granada. Gracias a la organización por haber pensado en una intrusa como yo para venir a hablar ante personas que están implicadas día a día en una acción que es tan necesaria como urgente para la sociedad en la que vivimos. Me siento intrusa porque yo no pertenezco a ninguna organización de voluntariado, aunque siempre quise hacerlo, pero no tuve tiempo porque me dediqué a otras actividades a lo largo de mi vida académica, profesional y personal. En un momento en el que yo me planteaba comprometerme con alguna organización no gubernamental, entendí que muchas veces –aunque una no pueda estar en una organización- sí que podía hacer desde su lugar en la sociedad algo que también supusiese una aportación o beneficio para los demás. No me justifica porque ha sido una añoranza que tengo desde hace mucho tiempo pero que quizá ahora con mi experiencia, formación y años de dedicación a la investigación, llega a plasmar la idea de que no he podido hacerlo pero estoy más convencida que nunca de la necesidad de que la sociedad esté implicada en todos los ámbitos públicos y privados si quiere transformar. Valgan mis disculpas de ante mano para tratar de ofreceros ideas –que no soluciones-, plantearos preguntas –que no respuestas-, porque siempre que afronto una clase o conferencia vengo a decir lo mismo: vengo a plantear más dudas de las que tenéis. Creo que la solución la tenemos que encontrar en ese pensamiento común, en una puesta de ideas comunitarias, en ese compartir experiencias en el día a día. Nos encontramos en una sociedad fragmentada, atomizada y que sólo vive para el consumo. Tenemos una crisis de la que se habla mucho: es una crisis de consumo, donde ya no podemos seguir consumiendo. Comienzan a temblar todos los poderes. El poder político que se plantea si tiene que intervenir en la economía y sufragar sus excesos. Un poder político que se siente impotente y expectante ante las situaciones que llegan provocadas por una situación muy compleja y fenómenos mucho más amplios como son la globalización, la economización mundial del capital… todos esos factores que de pronto cuestionan hacia dónde vamos, qué queremos y cómo lo vamos a hacer. Por deformación profesional, antes de abordar un concepto, miro el diccionario de la Real Academia. Ayer acudía además al diccionario de sinónimos y decía que participar es tomar parte en algo. Los sinónimos eran colaborar, cooperar, concurrir, ayudar, intervenir, asociarse, contribuir. Todo eso creo que se queda corto. Creo que participar tiene que ir un poco más allá. Como no lograba entender ese significado, me fui a los antónimos: inhibirse, desentenderse. Pues bien: ¿cómo está la sociedad de hoy? Desentendida. Inhibida, antes unos poderes públicos que actúan de la mejor manera, que busca solventar los problemas que tiene la sociedad. Pero, ¿dónde queda la opinión y el sentir de la ciudadanía? Por eso os decía que cada vez estoy más convencida de que desde la ciudadanía, la asociación y los voluntariados es la única vía que le queda a esta sociedad para manifestarse y decirle al Estado lo que quiere. Esto, que no es fácil, voy a intentar desarrollarlo a lo largo de la conferencia. En el ámbito de la política, siempre nos encontramos con el freno que establece lo que es una democracia representativa. Una democracia que basa su participación en la elección de alguien para que ese alguien tome decisiones. Cuando hablamos de participación política, automáticamente nos vamos a la idea de votar, militar en un partido político, asistir a actos políticos, contribuir económicamente a causas políticas, discutir sobre política, presionar a los dirigentes políticos, apoyar a candidatos, difundir información política… ¿Esto es suficiente? ¡No! Pero esto es lo que marca una democracia representativa. Partimos de una limitación formal para dar cauces a lo que tiene que ser un proceso fluido que comunique a la sociedad con el Estado. En el 2003 se hizo una encuesta muy interesante en la que se preguntaba en diferentes organizaciones de voluntariado cuáles eran las motivaciones para asociarse. Me llamó la atención muchísimo detectar que el 64’7% de los encuestados lo hacía porque quería fomentar una transformación social. Había diferentes lógicas: desde la racional, utilitarista y relacional, es decir, buscar beneficios materiales, buscar experiencias o buscar contactos, amigos. Después, desde la lógica moral, por convicciones religiosas o cívicas. Pero todos coincidían en la necesidad de transformar la sociedad. Hay más motivaciones: experiencia y formación, estar informado, vivir las experiencias, tener oportunidad de contactar con pobres desafortunados, manifestar compasión… Pero el 64,7% buscaba transformar la sociedad. En ese estudio se concluía que el voluntariado todavía no tiene capacidad de influir en las políticas públicas, en los resultados visibles del poder público que son las políticas públicas, pero que añora y desea introducir cambios y opinar para mejorar y configurar esas políticas. Yo veo ahí el deseo de muchos de los que pertenecen en conflicto con la realidad. Existe ese deseo de transformación pero la realidad aún no permite llevar a cabo transformación social. Diríamos que quizá sí en la atención inmediata al necesitado, pero no en la transformación de los organismos públicos, administración pública, poderes públicos que tienen que posibilitar que esa situación no llegue a producirse. Estamos poniendo parches y eso es necesario y la Administración lo reconoce y da el valor que tiene al tercer sector. Pero hay que ir más arriba, hay que buscar la fórmula de que esas actuaciones no lleguen a producirse. Necesariamente al final se van a producir pero, ¿dónde se pueden cambiar y aminorar esos efectos y disfunciones de la forma de decidir que tiene el poder público? Por eso para el tercer sector, la participación tiene que ser la forma más eficaz de hacer la sociedad que desea. Una cosa es la acción inmediata. Una cosa es el atender en el día a día al inmigrante, al necesitado, al condenado, al marginado… eso es fundamental, necesario, porque es lo que os hace visibles. Pero hay que ir más allá. Hay que ir sin ánimo de quitar a los que detentan el poder, porque tienen su función, no estamos hablando de tomar el poder. Pero sí tiene que estar presente en la forma en que ese poder político tome las decisiones. Porque además la sociedad lo está demandando. No hace mucho, en lo que la Unión Europea plantea como gobernanza, se establecen tres pilares que son el principio de participación, el principio de responsabilidad y el principio de eficacia. Nosotros, que somos miembros de la Unión Europea, vamos a remolque de lo que la Unión va estableciendo. Unas veces de forma más acertada y otras de manera menos acertada. Europa –dentro de todas esas confusiones y contrariedades de las normas e iniciativas que surgen desde Bruselas- se plantea que hace falta dar paso a la participación ciudadana. Si se plantea esa necesidad es porque está convencida de que no son suficientes las estructuras tradicionales que intercomunicaban a la sociedad con el Estado: partidos políticos y grupos de presión. No son suficientes porque la sociedad no se siente representada, porque la sociedad no ve a esas instituciones como organizaciones intermediarias eficaces que trasladen el sentir de esos grupos al Estado y –sin ánimo de sustituirlas- sí que hace falta una mediación mucho más eficaz y eficiente. Ese espacio lo puede ocupar el voluntariado porque tiene legitimidad para hacerlo. No llega al poder, pero está en el día a día, en las necesidades de los ciudadanos y sabe muy bien cuáles son las carencias que urgen. Porque junto a la participación está la responsabilidad y la respondabilidad: el exigir que se den cuentas, que haya un poder público que dé cuentas y que establezca bien diferenciados cuáles son los ámbitos legislativo, judicial, ejecutivo… Que además dé cuentas de lo que hace y no hace. ¿Quién pide cuentas? ¿Cada cuatro años en unas elecciones votando? Ese sentir está en la ciudadanía de manera que eficacia, eficiencia, responsabilidad: todo eso son necesidades que Europa ya plantea como urgentes. Pero la que más, la participación ciudadana. La posibilidad de reforzar la intervención de la ciudadanía en las fases del ciclo de vida de las políticas públicas. Fijaos, aquí viene el dato importante: para generar confianza en las instituciones. Los ciudadanos cada vez confían menos en las instituciones. Si esto Europa ya empieza a establecerlo como documento marco, como prioridad dentro de todos los problemas y presiones, es porque sabe que es un problema el que no se recupere la confianza en las instituciones. La única forma es legitimando esas instituciones intermediarias entre la sociedad y el Estado. Y ahí interviene el voluntariado. Es complicado porque puede caer el voluntariado en formar una estructura parecida a lo que son los partidos políticos, sindicatos y grupos de presión y reproduzca sus defectos creando estructuras jerárquicas, creando maquinarias obsesionadas por el poder, pero hay que correr ese riesgo porque quizá, en base a la estructura que hoy por hoy conozco que tienen muchas organizaciones, en las que las decisiones se toman por asamblea o por un consenso amplio de los que pertenecen a esa sociedad, se puede buscar la vía –y eso será el papel vuestro- para que no se reproduzcan esos defectos. Hoy en el ámbito del poder, que no en el espacio de lo público, porque en muchas ocasiones se confunden lo público con el sector público. Lo público es un espacio para todos. Lo público también afecta a todos. Somos parte del espacio público. Si los políticos no nos satisfacen, pero no hay que identificarlos con lo público. La política es otra cosa. Cuando hablamos de estructuras, de espacios, tenemos que empezar a diferenciar. La tendencia ha sido dividir. Que el Estado equivalga al ámbito público. No. Ya estamos cometiendo el error. El espacio público también incluye a la sociedad. El ciudadano es parte de ese espacio público y tiene derecho a configurarlo. Entender la política como un lugar de encuentro, de tomar partida en la configuración de una forma concreta de sociedad, de estar juntos pero no revueltos y manteniendo la identidad de cada uno, pero luchando por un objetivo común, es otra cosa diferente. Hay que empezar a buscar la fórmula de cambiar esas estructuras tradicionales y adaptarlas a los nuevos tiempos. Los movimientos sociales, con todos sus vaivenes de éxitos y fracasos, han tenido y tienen hoy una oportunidad que no tienen otros grupos. Cuando se habla de los patrones de conducta desde el poder, hay algunos que hablan de la necesidad de descentralizar, crear asociaciones voluntarias, crear autonomía en los grupos, crear asociaciones que sepan agregar intereses para comunicar al Estado. Hoy por hoy, el patrón o el marco que todos los estudios nos enseñan es el de un espacio donde el ciudadano recupere el poder en el espacio público que ha perdido. ¿Cómo hacerlo? En ello están los expertos. Desde mi modesta opinión, creo que desde la sociedad. De manera que, desde el tercer sector –a mí no me gusta mucho esa denominación, pero es la que pusieron en la conferencia marco- se produzca la intercomunicación entre todos esos ámbitos que son sector público, Administración pública, poder público, empresa privada y sociedad. Fijaos que en algún momento, y esto lo explicamos mucho en la facultad, parecía que todos los defectos de la Administración pública, identificándola con el poder, venían de la ineficacia, la ineficiencia, la forma de intervenir en los distintos campos porque no era ágil, porque utilizaba parámetros propios de lo público. La solución en su momento fue dada por lo que se denominó antes la nueva gestión pública que era sustituir al Estado por las empresas privadas. Y asistimos durante la década de los 70 y 80 a un bombardeo de justificaciones e ideas que nos trataban de convencer de que el espacio público no era eficaz, era deficitario, y había que sustituirlo todo por la dinámica que existe en la empresa privada. Y casi convencieron a la mayoría de los académicos. Pero el tiempo va poniendo las cosas en su sitio y nuevas corrientes –que se han denominado neopúblicas- han llegado a la conclusión de que no es la solución el trasladar las pautas del mercado al ámbito de lo público. Si no que la solución viene por reforzar el concepto de ciudadanía, reforzar el papel del ciudadano en la sociedad, reforzar su capacidad de intervenir y de influir en las decisiones políticas, recuperar el valor de lo público. Hemos asistido a esa idea de que había que acabar con lo público porque por sistema funcionaba mal. Las nuevas corrientes vienen a decir que no, que era la forma de enfocar lo público, las formas de actuar lo público lo que fallaba. Pero el espacio público era un espacio necesario. Siempre lo comento en clase: ¿quién va a financiar una obra que sea deficitaria?, ¿qué empresa va a venir a poner dinero? Automáticamente me responden con la figura del paternariado, de buscar fórmulas… Vamos a dejar de pensar que algo que es deficitario lo va a asumir una empresa. Y lo vamos a ver ahora con la crisis. De manera que hay que recuperar el valor de lo público, hay que crear una cultura asociada a la eficacia y eficiencia desde la ética. Si hay una asignatura pendiente de esas actuaciones que separan a la Administración con el ciudadano es la falta de transparencia. ¿Serían posibles prácticas como el tráfico de influencias, nepotismo, corrupción… si todo estuviese claro, si el ciudadano estuviese en el día a día del funcionamiento de las cosas? ¿Por qué cuando uno solicita un papel en determinada Administración se ponen tantas pegas? Nosotros cuando investigamos no os podéis ni imaginar la de trabas y consultas que se necesitan. Si todo está claro y es transparente, no harían falta muchas de las cosas que hoy obstaculizan y distancian al ciudadano del poder. Por eso crear una cultura del civismo, equidad, participación, concienciación, de que todo eso es necesario para una sociedad que está compuesta por ciudadanos. Siempre se dice que sociedad es lo que no es Estado y Estado lo que no es sociedad. Dentro también de esas corrientes neopúblicas se habla de ampliar el número de derechos de los ciudadanos. Derechos que a lo mejor se configuraron en unos momentos históricos concretos. Habrá que plantear la defensa de nuevos derechos. Habrá que buscar la forma de diferenciar todo aquello que es externalizable de lo que es propiamente público. ¿Hasta dónde llega el Estado? ¿Dónde empiezan las asociaciones? ¿Dónde marcamos las fronteras? Yo que me siento un poco ajena a vuestra experiencia cotidiana, a veces me da la sensación de que no sé dónde está la frontera. Y esto no solamente ocurre con las entidades de voluntariado, sino en toda entidad financiada por la Administración pública. La única forma de establecer esa frontera viene desde la participación. Todo esto es muy complicado. Por eso os decía al principio que voy a plantear más dudas de las que traéis. Con eso me voy satisfecha. Porque yo no tengo la solución: tengo muchas inquietudes y muchas dudas. Pero sé algo: sé que el ciudadano tiene que ser recuperado. Sé que desde la participación ciudadana tiene que ser tenida en cuenta. Y no una participación a modo de lo que se ha hecho hasta ahora, sino más específica. Hay que garantizar un interés colectivo no definido desde arriba. Hay que introducir mecanismos para que el interés se defina también desde abajo. Si lo hacemos desde los grupos de interés que se han activado políticamente y han pasado a ser grupos de presión, tenemos un problema. Si lo hacemos a través de asociaciones lo más participativas posibles, garantizamos que desde abajo se defina el interés colectivo. El Estado tiene que ser entendido partiendo de una nueva forma de entender la participación. El Estado entendido como garante de derechos, entendido como aquel que produce y facilita una distribución equitativa de medios, recursos y servicios. Y sobre todo un Estado que basa todos sus procesos en la solución de problemas, no en los recursos que tiene para solucionar esos problemas, que es lo que suele ocurrir: ¿cuánto dinero tenemos? Entonces repartimos. Esto se produce porque la definición viene desde arriba. La priorización viene desde arriba para satisfacer y tener consenso mayoritario. Pero esa no es la dinámica de un Estado en la que se entienda una nueva forma de participación. Ese nuevo Estado tiene que partir de los problemas, de definirlos, viendo y escuchando a los que están en el día a día, una vez que se ponen de acuerdo ese dinero se emplea para solucionar ese problema. Fijaros que el esquema cambia y no es fácil. Pero en ese Estado el ciudadano recupera su capacidad de ser sujeto político, sujeto capaz de autogobernarse, capaz de decidir qué sociedad quiere. Aquí cambian todos los esquemas, porque estamos acostumbrados a la confusión de conceptos, a relacionar lo político con los políticos. No. Lo político es el espacio de lo público, donde el sujeto puede manifestar cuáles son sus prioridades, qué quiere y hacia qué sociedad quiere caminar. Cuando se habla de la planificación yo me lo paso en grande es porque lo que se hace es ajustarse más o menos a los objetivos que alguien quiere que consigamos y vamos programando. Eso no es planificar estratégicamente. Planificar estratégicamente es inventarnos un futuro. Comunicar a los intermediarios cómo tienen que hacerlo sin olvidar la meta: la sociedad que quiero. En ese momento, el ciudadano recupera su papel como sujeto político y es donde la participación adquiere significado. No la participación como el trámite de ir cada cuatro años a votar o como asistir a un mítin, un debate o una conferencia. Así está decidiendo qué es lo que quiere. Si vosotros que estáis en el día a día de los problemas de determinados grupos sois los que más experiencia tenéis, sois los más capacitados para decirles a los responsables implementadores de las políticas públicas cómo hay que hacerlo. No puede venir un técnico desde arriba a decidir porque se equivoca, porque tendrá muchos títulos y formación, pero la sociedad muchas veces más mucho más por delante que lo que pueden informar los técnicos. Ahí es dónde está el lugar del voluntariado, independientemente de todas las esferas que estáis cubriendo y que me parecen fantásticas. Porque esto es avanzar un poco más. Es verdad que necesitamos que desde el espacio político se dé entrada a esa posibilidad. Pero en el momento en que se constituya un discurso fuerte de necesidad de implicarse en el día a día, el político tendrá que responder a la ciudadanía. No olvidemos que son personas, con sus virtudes y defectos, y que quieren votos. Nosotros podemos condicionar esos votos a que esto sea necesario. Y eso hay que decirlo. En ese sentido, yo que lo explico en clase, la evaluación participativa está dando muy buenos resultados en Latinoamérica. Es una excelente forma de afrontar la participación ciudadana en el día a día de la producción de las políticas de la Administración pública. Es una forma de implicarse cada vez que surge un problema. Voy a poner un ejemplo. Si yo asisto a unas urgencias de un hospital, hay una carta de servicios dónde se me explican cuáles son los derechos y deberes de ese servicio. Tengo allí una experiencia sobre lo mal que funcionan las urgencias y la comento en el pasillo. Eso se muere ahí. Pero si se crean cauces para que yo tenga posibilidad de comunicar con los responsables de ese servicio, al final alguien desde el poder político cambiará esa situación. Si la dinámica es criticar el servicio en el pasillo, poco puede cambiar. Cuando se habla de la evaluación participativa se está buscando la fórmula de trasmitir las lecciones aprendidas en el día a día a los que tienen responsabilidad en el ámbito de lo público porque muchas veces –y yo lo he podido comprobar- a esos que están ahí les falta información. Deciden cuando no la tienen y la ciudadanía se mantiene tranquila y no está transmitiendo esa información. En Brasil esta fórmula está teniendo éxito en el campo de los presupuestos. Los ciudadanos deciden en qué se gasta el dinero de una barriada y de un ayuntamiento. ¿Todos los ciudadanos podemos decidir en un momento? Las nuevas tecnologías dan mucho de sí. Quizás a lo mejor de organizaciones de voluntariado pueden buscar las fórmulas de canalizar la información para que las administraciones y responsables de esos servicios sean capaces de afrontarlo. En los niveles de participación que se pueden producir y son deseables es necesaria la información y formación. No se puede participar sin esa información y por eso hay que estar muy atentos a la información que se ofrece desde el poder. Ya os decía antes: la transparencia. Pero, ¿de qué me sirve mucha información si no la entiendo? Hay que formarse para entenderla. Es una situación de empoderamiento del ciudadano. La pregunta importante sería cómo acceder al espacio público. Es un instrumento muy importante la evaluación participativa y hay mucha información sobre ella en internet. Es una forma diferente de acceder al espacio público, desechando la idea de tomar el poder. Yo creo que se han perdido muchas energías intentando ocupar un poder que ya está establecido por una normativa y por un sistema político concreto por una democracia representativa. Yo creo que no hay gastar energías en suplantar. Más bien hay que buscar la complementariedad entre la acción social y los servicios estatales, en el intercambio de prestaciones y en la acción cotidiana. En la acción cotidiana, obtener lecciones aprendidas que nos sirvan para comunicarlas a la Administración, para recuperar ese espacio público, para recuperar ese papel del ciudadano en la sociedad, sin necesidad de confrontar en la vida política. Yo creo que nos confundimos y perdemos en eso mucha energía. Hay que ganar ese tiempo en buscar alternativas. La cuestión es que cuando voy a la Administración me puedo quejar, pero lo más útil es darles la solución. En ese momento estoy cambiando el papel del ciudadano. Eso es importantísimo. Desde la lógica del movimiento voluntario hay una motivación de transformar la sociedad y en esa lógica hay que buscar la fórmula para crear espacios vivos de pensamiento. Porque estamos sometidos a una presión cotidiana, a un estrés, a un exceso de actividad en el que cada vez se reflexiona menos. Y esto es como la necesidad de encontrar el equilibrio. Es tan importante actuar como pensar. Si uno está actuando, se vacía de contenido. Hay que buscar el equilibrio. Hay que buscar ese espacio donde exista el compromiso de todos donde se busca la sociedad que queremos construir, no la sociedad que posiblemente podamos construir. Esa es otra película. Si yo tengo 10 euros, ¿hasta dónde llego? Ahí me quedo. Mi planteamiento puede ser diferente. Buscar 5 euros más si objetivo me cuesta 15. Eso es fruto del compromiso de una comunidad que reflexiona y actúa. Un espacio donde exista participación activa y voluntaria de todos. Cuando me encuentro reuniones a las que es obligatorio asistir, ahí la voluntariedad empieza a debilitarse. Sobre todo porque ya hay una falta de interés de la persona porque no quiere ir. ¿Para qué la tenemos ahí? ¿Para votar, para que haya consenso, para que seamos más? Muchas veces los grupos más pequeños son más fuertes que los grandes. Hay asociaciones que por convicción y responsabilidad, mantienen un nivel de pensamiento y reflexión que otros que son muy grandes. Cuando se es tan grande, el contacto no es tan directo, la posible comunicación es más difícil. Participación activa y voluntaria. No podemos caer en la contradicción. Si el ciudadano o el voluntario quiere transformar la realidad, tiene que tener el convencimiento profundo de que quiere hacerlo. Tiene que ser un espacio donde se produzca una sinergia de valores y propósitos conocidos y compartidos. En este caso es muy importante la sinceridad y la verdad, saber el trasfondo de una organización. ¿Queremos salir por la noche y dar mantas a quien no las tiene o evitar que estén en la calle? Evidentemente primero tenemos que darles la manta, pero habrá que buscar la fórmula para que no estén ahí. Hay que centrarse en la prevención y mejora continua. Todo esto implica estar constantemente en movimiento. Cuando hemos arreglado una cosa, ya surge otra. Hay que estar en alerta. Eso es participar. Es construir como células una realidad diferente. Llevo estudiando muchos años el tema de la participación en el ámbito político y estoy más convencida que nunca de que la participación es algo mucho más amplio. Si es importante la participación, es importante estar convencido de que es un proceso de aprendizaje constante. Fundamentalmente porque la participación la tiene que definir el ciudadano elaborando lecciones aprendidas. La participación es un medio, no un fin, igual que la política. La participación es un bien público porque no tiene precio. Se hacen análisis de costo/ beneficio, pero no se hacen análisis de coste social. Entiendo que los primeros se hagan en las empresas, pero no deben ser centrales en la Administración. Está claro intentar que no haya déficit, porque, si no, no habría posibilidad de hacer muchas cosas, pero la obsesión no debe ser el déficit, sino las repercusiones sociales que tienen las acciones públicas. La participación no es un concepto que resulte de situaciones fortuitas, esporádicas. No es el resultado de esfuerzos aislados, sino un logro a través de valores, a través de empeño en llevar a la práctica y en la creación de plataformas y sistemas que la ocasionen. Se dice que la política trata de estar juntos. Que tenía que ser como una mesa a la que todos están invitados y que cada cual tiene su plato. La mesa en su conjunto era el horizonte hacia el que quiere ir la sociedad, aquello que define el espacio, pero que compartiendo ese espacio común, cada uno tenía su plato y su acción en el día a día. Ese horizonte en el que buscamos la recuperación de la ciudadanía habrá que construirlo diariamente desde la participación.

Buscador de noticias

buscar

C/ Tribulete nº 18, local. 28012 Madrid
Tel: 91.541.14.66
correo-e:

Subvencionado por:

Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad X-solidaria