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El voluntario internacional, invisible para la Cooperación Española

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Voluntarios Foto: Fundación Vicente Ferrer. Matt e Inma son jóvenes, comprometidos y con experiencia en cooperación internacional. Como ven en la foto de abajo, muy “inculturados”. También son muy diferentes, él es de Lebanon (Delaware, Estados Unidos) y ella de Albacete, pero coinciden realizando su servicio de voluntariado internacional durante dos años en Santa María Chiquimula, uno de los municipios con mayor pobreza de Guatemala, donde cíclicamente asola la hambruna y con una mayoría de población maya-quiché que lucha por sobrevivir y tener “derecho al Derecho”. Tienen más diferencias: Matt pertenece a Peace Corps (Cuerpo de Paz, una histórica organización estadounidense de los tiempos de Kennedy que es seña de identidad de la solidaridad americana en el mundo) e Inma está realizando su voluntariado con el Programa VOLPA  (Voluntariado Padre Arrupe de la ong Entreculturas). Todas las diferencias de compensación –más de tres veces- en las coberturas de seguro y apoyo al retorno –el voluntariado es un rasgo valorado en el currículo-, son muestras de un reconocimiento desigual. El servicio de voluntariado internacional -una de las expresiones de participación ciudadana, que acerca los grandes objetivos de la ayuda a nuestros contextos cotidianos, conectando causas globales y compromisos concretos - pertenece a uno de los “ángulos muertos” de nuestra cooperación.
Voluntariado De hecho cooperaciones de nuestro entorno, en Alemania, Gran Bretaña, Francia o Suiza son conscientes que existe un “capital social” muy significativo en el voluntariado que participa en condiciones de austeridad y simetría con las poblaciones locales y lo promueven como una de sus apuestas a través de sus agencias de cooperación al desarrollo. No es necesario innovar para poder adaptar lo que las diferentes recomendaciones de la Unión Europea proponen, dotando de protección social al voluntariado internacional en cooperación al desarrollo. No es preciso inventar ruedas y, al igual que se menciona en el Estatuto del Cooperante, reconocer que el voluntariado internacional “se realiza frecuentemente en lugares y condiciones de notable dureza que pueden suponer riesgo para su salud y para su integridad física. Además la labor que realizan contribuye a difundir en el exterior la solidaridad internacional” . A pesar de que no hay una sola mención al voluntariado en el IV Plan Director de la Cooperación, hay un campo de innovación para aprovechar que todo este conocimiento acumulado pueda vincularse al desarrollo de capacidades y no se quede en experiencias individuales. Con motivo de la celebración del Día Internacional del Voluntariado las principales coordinadoras en el ámbito del desarrollo y del voluntariado – la Coordinadora de ONG para el Desarrollo en España, de la Plataforma de Voluntariado de España, de la Coordinadora de Asociaciones de Laicos Misioneros (CALM) y de la Red de Entidades para el Desarrollo Solidario (REDES)- denunciaron el vacío legal en materia de derechos y deberes, demandando el reconocimiento de esta dimensión que parece invisible para los responsables de la Cooperación Internacional, y han presentado ante la Secretaría de Estado de Cooperación Internacional y para Iberoamérica y ante AECID una  propuesta de regulación del voluntariado internacional al servicio de la cooperación al desarrollo. Para conseguir que se convierta en realidad esta propuesta de acabar con la invisibilidad del voluntariado en nuestra cooperación no se requiere gran cantidad de recursos; tan solo es necesario algo de lo que les sobra a las personas y organizaciones que promueven estos programas de servicio voluntario internacional: voluntad.

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