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Voluntariado y mayores: aspectos positivos y críticas

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Citamos parte de un artículo de María Silveria Agulló Tomás, Esteban Agulló Tomás y Julio Rodríguez Suárez titulado Voluntariado para mayores: ejemplo de envejecimiento participativo y satisfactorio (pdf) que hemos compartido en nuestra zona de recursos. El artículo apunta aportaciones positivas de este voluntariado y más tarde críticas:
  1. Para el propio mayor voluntario, se debe recordar que permanecer activo y más concretamente en actividades sociales de este tipo aporta beneficios individuales a la persona mayor: alta autoestima, sentimiento de utilidad, relaciones sociales, mejora el estado de ánimo y de salud, en fin, mayor satisfacción vital
  2. Para las ONG y sectores de mayores, porque a mayor número y participación de volutnarios se pueden mantener, proponer y aplicar más y mejores programas de intervención con diferentes servicios: socio-sanitarios, socio-culturales, de ocio, etc.
  3. Para la sociedad general, porque al visibilizarse y fomentarse este tipo de voluntariado, se logra una mejora del rol e imagen social de la gente mayor (utilidad, participación, etc.), difundiendo al mismo tiempo los valores de solidaridad, humanidad y democracia que subyacen en las actividades voluntarias.
En resumen, "los beneficios del voluntariado no son solo para mayores sino que suponen importantes ventajas para todos los sectores, organizaciones, sociedad y personas mayores" (Cruz Roja, 2002). Pero, claro, no todo es tan sencillo y positivo. El voluntariado y las actividades de los mayores están siendo objeto de críticas coherentes con los que piensan que es mejor una jubilación anticipada para que los mayores dejen libres puestos de trabajo. En el fondo de la cuestión está que la ocupación y cualquier actividad de los mayores en una sociedad con cifras significativas de paro parece contradictoria y no conveniente. El miedo a que "quiten" puestos de trabajo es patente ya que el 57% de la población considera que los mayores de 65 años si trabajan están quitando puestos de trabajo a los más jóvenes (INSERSO, 1996). Por contra, también quiere fomentarse que continúen estando activos y no "echar por la borda" este capital humano. Todo ello no exime pues a la sociedad (ni a los mayores) de la responsabilidad y urgencia de otorgar (de "constuir") un nuevo papel para aquellos que puedan y quieren seguir activos de forma compatible, eso sí, con las tasas tan elevadas de desempleo. Pero ¿se les anima a trabajar para que no sean un gasto (tesis economicista) o por su bienestar (tesis humanista)?, ¿hasta qué punto es positivo que los mayores sean voluntarios? Aún no hay demasiado acuerdo sobre la mejor respuesta a estos interrogantes. Se confunde participación social con empleo. Los límites de las contribuciones de los mayores abren un nuevo debate porque su aportaciones no están clara. Por una parte se desean, pero por otra se consideran contraproducentes.

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